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Los niños y las finanzas: aprender a administrar

Todo gran proyecto comienza por algo pequeño. Lo mismo ocurre con el aprendizaje, incluido el aprendizaje sobre economía y finanzas. Tal vez en el futuro tus hijos soliciten préstamos sin papeles para resolver alguna cuestión económica que se les presente, y cuanto más cultura y experiencia financiera hayan adquirido, mejor resolverán todas esas cuestiones.

Muéstrales cómo elaboras el presupuesto familiar

Según la edad que tengan pueden ir colaborando más en la elaboración de parte del presupuesto familiar, pero es interesante que comprendan lo que significa en términos económicos dejar las luces encendidas o comprar muchos productos envasados carentes de propiedades nutricionales en el supermercado.

Enséñales a comprar

Uno a veces se pregunta por qué a los niños se les enseñan tantas cosas sin ninguna utilidad práctica y no se les enseña a comprar con responsabilidad. Aprender a distinguir las ofertas verdaderas de las falsas, comprender de verdad lo que significan las etiquetas nutricionales o elaborar listas de la compra y atenerse a ellas son ejercicios imprescindibles para todo consumidor responsable.

Otro punto muy importante es entender que la compra en el mercado es un pilar del consumo responsable, al tratarse normalmente de productos de proximidad que además no gastan en envases de plástico y presentan precios más atractivos para el consumidor.

Acostúmbralos a oír la palabra NO

No ceder ante sus caprichos es una de las lecciones financieras más importantes. Cuando lleguen a adultos, ellos tampoco cederán fácilmente a las tentaciones y eso les evitará padecer muchos problemas financieros que se derivan de un consumo excesivo e irresponsable mediante el abuso de las tarjetas de crédito, por ejemplo.

Cómprales una hucha para su gran proyecto

Normalmente, un niño no entiende el concepto abstracto el ahorro. Pero sí es plenamente capaz de entender que puede ahorrar dinero para el juego nuevo que desea para la consola, por ejemplo, o para unos patines. La hucha pasa a ser algo con una finalidad precisa y una temporalidad acotada. Dada la pobre percepción del tiempo a largo plazo de los niños, eso es fundamental.

Cuando consigan reunir suficiente dinero para su gran compra, el orgullo de haberlo hecho por ellos mismos será inmenso.

La propina, el inicio de su primer presupuesto

Los niños pueden empezar a gestionar su propia propina a partir de los nueve o diez años. La cantidad dependerá de cada familia. Pero lo que sí es importante es que no los rescatemos. Esto quiere decir que, si una semana se administran mal, no pasa nada porque se queden sin dinero unos días y, así, la semana siguiente intentarán utilizar mejor su dinero.

A medida que el niño crece, se puede intentar ampliar el plazo a dos semanas o incluso un mes, de forma que la necesidad de administrarse crezca.

Los niños deben entender que esta propina también supone obligaciones y no es algo gratuito. La propina los incluye en la familia y en sus responsabilidades y, por tanto, exige de ellos el cumplimiento de sus pequeñas tareas domésticas.